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miércoles, 16 de julio de 2008

La música de los sordos

María Música (ver Jason Pinto) se llama la nueva joyita que ocupa las portadas de los diarios y los primeros minutos de los noticiarios, por haber lanzado un jarro de agua a la Ministra de Educación, en el marco de una jornada de diálogo en torno a la educación pública. "Como no hacía caso a lo que yo le decía y miraba para otro lado, se me vino a la cabeza todo el sufrimiento mío y de mis compañeros. Ahí vi el jarro y llegué y se lo tiré, nomás" declaró la compulsiva adolescente, con el ceño fruncido y el parpadeo pertinaz del actor principiante.

He rastreado la noticia en inFernet y, más allá de los obsecuentes y cacofónicos dichos del colegio de profesores: "lamentamos la situación ocurrida con la ministra, pero la comprendemos dentro del contexto del país, ya que ella está llamando a un diálogo engañoso y mentiroso" ; más allá de las siempre profundas, certeras y ponderadas declaraciones de nuestra presidenta: "Entonces no me parece positivo y no me parece que le haga bien a la democracia y a nuestro país que en espacios de diálogo puedan haber actitudes agresivas como esa", son los comentarios del público en los medios electrónicos los que mejor dan cuenta de la oligofrenia endémica del país: "Ósea ta mal... pke igual fué flaite... si a las finales e minitro la vieja csm... pero igual ta bien... kchai???? pk igual los reprimen kaleta lo pako y wea" o, si se prefiere, su traducción en la lengua común, que dice algo así como:"No comparto lo que hizo, pero la entiendo".

El pingüinismo es la nueva moda social: "tan simpáticos que se ven los niños estos, ¿no? y tan claros en lo que piden. Yo, a su edad, no me hacía problema y me entretenía viendo el Chavo o el Chapulín... es que antes éramos tan pavos, fíjese usté... pero ahora, con esto de la interné...". El movimiento estudiantil, sin embargo, es la punta del iceberg -o de la cola- de una serie de microprocesos que están afectando las bases más profundas de la estructura social del país. Cuando la mal llamada "clase política" es incapaz de elevar un discurso encantatorio de las masas; cuando no hay neuronas en la academia que se inviertan en diálogo con la sociedad; cuando no hay periodismo serio que asuma una opinión crítica y fundamentada; cuando no hay profesores que se distraigan de su rol de entretenedores didácticos o pedagogos revolucionarios en Marx y en Cristo para dedicarse, de una buena vez, a hacer bien su pega y, sobre todo, cuando no hay una familia que imponga con esfuerzo, con tiempo, con amor y con disciplina, valores, principios, ideas, conductas, creencias y lenguaje, nos encontramos con esto: una mocosa que se pasa por el traste a la autoridad ministerial, sólo porque -según ella- "no la escuchan".

Es perceptible que un nuevo ethos social se manifiesta en esta escena: uno en el que los valores se reemplazan por compulsiones, uno en el que los actos carecen de relevancia y quedan impresos en la superficialidad del cotidiano como tatuajes sin sentido, mera anécdota, pura moda. El discurso del movimiento estudiantil parece incapaz de ver más allá del prejuicio y el voluntarismo. Apuntalado con retazos de marxismo y anarquía y pegoteado con goma farandulera es propuesto a la sociedad con el autismo del fanático que, ciego y sordo a todo lo que no sea su neurosis divinizada, arremete cual Quijote -pero sin belleza ni poesía- contra todo aquello que parezca más grande que él y que pueda pasar por molinos de viento vampiros.

Detrás del jarro de agua hay un disenso radical respecto del modo de entender y hacer la sociedad civilizada; delante del jarro, empapada, está la mejor imagen que cualquier noción asociada o asociable a la autoridad puede exhibir hoy día: desconcierto, inoperancia y ridiculez.

La que nos espera....-